Todos alguna vez hemos comenzado nuestro día percibiendo ese olor tan seductor: canela, vainilla, azúcar y, por supuesto, cacao. Juntos forman una de las bebidas más conocidos alrededor de mundo: el chocolate.
Para su preparación es necesario el molinillo, el cual baila a la par de este aterciopelado líquido, formando una peculiar espuma, que en conjunto nos estremecerá al beberlo.

Foto cortesía del restaurante Matisse
En la época prehispánica, del cacao se obtenía una bebida fuerte y amarga, que entre los aztecas sólo la podían consumir los altos rangos. Con la llegada de los españoles se le agregó canela, vainilla y azúcar. Al poco tiempo, el chocolate se empezó a exportar hacia el Viejo Mundo, conquistándolo rápidamente. Fue bien aceptado entre la clase alta y las cortes europeas, incluso se llegaban a consumir de seis a ocho tazas al día.
Durante su vuelta al mundo, el chocolate adoptó diferentes formas de preparación y en algunos casos se convirtió en ingrediente principal de varías cocinas.
En nuestro país es común tomarlo por las mañanas dentro del desayuno, durante la cena y, en especial, en épocas de frío. Es casi imposible salir a comer a un restaurante y no encontrar, dentro de las opciones para empezar o terminar el día, una taza de chocolate con leche caliente. Por ejemplo, en Churros El Dorado, puedes disfrutar unos churros acompañados de una taza de chocolate; también La Chimenea tiene un chocolate muy especial.
En Brasserie Lipp encontrarás un chocolate al mero estilo francés o vienés en Magritte.
Pero, si de chocolate se trata, yo recomiendo y el de Oaxaca, que preparado con agua, es una completa delicia. Y para ello, tenemos a los restaurantes Bella Lulá y Doña Lulá, podrás tomar un sorbo de esta espumosa bebida acompañada de un pan de yema.
Si eres amante del chocolate, no dejes de visitar estos restaurantes o de tomarlo de vez en cuando en casa, ya que además de ser delicioso es una gran fuente de energía.







